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nov 30, 2011
LABAC

EMPRESA Y MEDIO AMBIENTE

Nota de LABAC publicada en revista Punto biz

Las empresas, por el desarrollo de sus procesos productivos, producen influencias e intercambio de acciones y recursos con el medio ambiente en el cuál se encuentran insertas. Hasta hace muy poco tiempo no consideraban la conservación del medio ambiente en sus procesos de producción. Es decir no se contabilizaba los costos ambientales de las actividades industriales. Por lo tanto los daños producidos por una empresa no eran considerados por las mismas tanto  a nivel ambiental como, sobre todo, a nivel económico, por lo que ésta no tenía motivos para deja de dañar al medio.

Proteger y asegurar la calidad de vida y el bienestar, sin lugar a dudas supone a corto plazo un coste para las empresas, no obstante podemos afirmar con toda seguridad que este coste será infinitamente inferior al que poseen conceptos como la calidad de vida y el bienestar de la humanidad.

Por todo esto podemos llegar a preguntarnos ¿cuáles son los argumentos que pueden hacer cambiar la mentalidad de las empresas y  pasar a ser más respetuosas y protectoras con el entorno?

A grandes rasgos se pueden citar dos argumentos: en primer lugar la legislación promulgada por la administración y en segundo lugar por el mercado.

La reacción de la administración fue la de ir aumentando sin parar la legislación referente a la protección y conservación del medio ambiente.

Hoy por hoy, la presión normativa es el elemento de mayor peso en la toma de decisiones de carácter ambiental  en la empresa.

La administración competente actúa en este campo advirtiendo a las empresas y legislando límites máximos de emisiones y vertidos y sancionando sus incumplimientos. No obstante hay que reconocer que éste es un sistema frágil y delicado.

Otras de las vías de actuación de la administración es la de incidir sobre el mercado. De ésta forma se consigue que la administración regule de forma indirecta el mercado a base de intentar que los costes ambientales de la fabricación y comercialización de los productos se incluyan en su precio, de manera que bienes y servicios menos agresivos con el medio ambiente se encuentren en el mercado en una situación ventajosa con respecto a productos similares que contaminan más o malgastan recursos. Dentro de este apartado se puede señalar por ejemplo las tasas y cánones por contaminación, los sistemas de licencia previas, la utilización de incentivos fiscales, ayudas a empresas con tecnologías limpias, etc.

Por lo que al mercado y a la opinión pública respecta, diremos que éstos funcionan como el verdadero motor de cambio de las empresas. Es por ello que cada vez la empresa cuida más los aspectos medioambientales, ya que se ha detectado un crecimiento considerable de la demanda de productos respetuosos con el medio ambiente. La reacción del consumidor es ir aumentando su nivel de exigencia basada en conocimientos medioambientales. Los consumidores más activos en este sentido son los que poseen un poder adquisitivo superior: es el segmento de mercado que marca la tendencia que más tarde influenciará al resto de la sociedad.

Por lo tanto, y a modo de resumen, vemos que las necesidades de una gestión medioambiental en la empresa vienen determinadas por:

-          La existencia de una legislación cada vez más compleja y exigente.

-          La mejora de la calidad medioambiental de sus servicios y productos, y con ello sus relaciones comerciales y su competitividad.

-          El rechazo paulatino de la sociedad hacia actividades no respetuosas con el medio ambiente.

-          La mayor vigilancia y control por parte de la administración competente.

Es de esperar que en los próximos años, las industrias adecuen sus procesos productivos no solo en busca de poder apropiar ciertos sectores del mercado marcados por el interés medioambiental, sino en busca de optimizar sus procesos productivos minimizando el impacto por ellos ocasionados.

EMPRESA Y MEDIO AMBIENTE

Las empresas, por el desarrollo de sus procesos productivos, producen influencias e intercambio de acciones y recursos con el medio ambiente en el cuál se encuentran insertas. Hasta hace muy poco tiempo no consideraban la conservación del medio ambiente en sus procesos de producción. Es decir no se contabilizaba los costos ambientales de las actividades industriales. Por lo tanto los daños producidos por una empresa no eran considerados por las mismas tanto  a nivel ambiental como, sobre todo, a nivel económico, por lo que ésta no tenía motivos para deja de dañar al medio.

Proteger y asegurar la calidad de vida y el bienestar, sin lugar a dudas supone a corto plazo un coste para las empresas, no obstante podemos afirmar con toda seguridad que este coste será infinitamente inferior al que poseen conceptos como la calidad de vida y el bienestar de la humanidad.

Por todo esto podemos llegar a preguntarnos ¿cuáles son los argumentos que pueden hacer cambiar la mentalidad de las empresas y  pasar a ser más respetuosas y protectoras con el entorno?

A grandes rasgos se pueden citar dos argumentos: en primer lugar la legislación promulgada por la administración y en segundo lugar por el mercado.

La reacción de la administración fue la de ir aumentando sin parar la legislación referente a la protección y conservación del medio ambiente.

Hoy por hoy, la presión normativa es el elemento de mayor peso en la toma de decisiones de carácter ambiental  en la empresa.

La administración competente actúa en este campo advirtiendo a las empresas y legislando límites máximos de emisiones y vertidos y sancionando sus incumplimientos. No obstante hay que reconocer que éste es un sistema frágil y delicado.

Otras de las vías de actuación de la administración es la de incidir sobre el mercado. De ésta forma se consigue que la administración regule de forma indirecta el mercado a base de intentar que los costes ambientales de la fabricación y comercialización de los productos se incluyan en su precio, de manera que bienes y servicios menos agresivos con el medio ambiente se encuentren en el mercado en una situación ventajosa con respecto a productos similares que contaminan más o malgastan recursos. Dentro de este apartado se puede señalar por ejemplo las tasas y cánones por contaminación, los sistemas de licencia previas, la utilización de incentivos fiscales, ayudas a empresas con tecnologías limpias, etc.

Por lo que al mercado y a la opinión pública respecta, diremos que éstos funcionan como el verdadero motor de cambio de las empresas. Es por ello que cada vez la empresa cuida más los aspectos medioambientales, ya que se ha detectado un crecimiento considerable de la demanda de productos respetuosos con el medio ambiente. La reacción del consumidor es ir aumentando su nivel de exigencia basada en conocimientos medioambientales. Los consumidores más activos en este sentido son los que poseen un poder adquisitivo superior: es el segmento de mercado que marca la tendencia que más tarde influenciará al resto de la sociedad.

Por lo tanto, y a modo de resumen, vemos que las necesidades de una gestión medioambiental en la empresa vienen determinadas por:

-          La existencia de una legislación cada vez más compleja y exigente.

-          La mejora de la calidad medioambiental de sus servicios y productos, y con ello sus relaciones comerciales y su competitividad.

-          El rechazo paulatino de la sociedad hacia actividades no respetuosas con el medio ambiente.

-          La mayor vigilancia y control por parte de la administración competente.

Es de esperar que en los próximos años, las industrias adecuen sus procesos productivos no solo en busca de poder apropiar ciertos sectores del mercado marcados por el interés medioambiental, sino en busca de optimizar sus procesos productivos minimizando el impacto por ellos ocasionados.